ü Desarrollar
estrategias que le permitan estructurar el espacio, el tiempo y las actividades
que se realizan en el aula.
ü Usar las
actividades diarias que se llevan a cabo para reforzar el lenguaje.
ü Ofrecer
apoyo en las actividades que más le cuesten. Primero un apoyo físico y poco a
poco ir cambiando por el apoyo verbal. A medida que vaya adquiriendo
competencias se retira el apoyo.
ü Ofrecer el
modelo del adulto y acompañarlo de lenguaje oral
ü Reforzar el
éxito y el esfuerzo.
ü Las
actividades que más le cuesta, serán cortas con principio y fin claros y con
las ayudas que aseguren el éxito.
ü Promover
actividades en pequeño grupo o por parejas tanto en el aula como en el patio.
ü Ofrecerle
un entorno estructurado y predecible en el que sepa en todo momento lo que va a
suceder.
ü Organizar
espacios en el aula debidamente señalizados con claves visuales en los que se
trabajan las distintas actividades.
ü Dirigir las
interacciones, procurando que sean claras, contingentes y comprensibles.
ü Plantear actividades diversas, sin obligarle a
hacer siempre las mismas actividades.
ü Utilizar
ayudas gestuales, auditivas y visuales para favorecer la comprensión del
entorno.
ü Usar un
lenguaje sencillo, frases correctas, entonación marcada y acompañando de
gestos.
ü Darle
pautas e indicaciones claras en las actividades que debe realizar. Tener una
actitud directiva estableciendo de forma clara y explícita los objetivos y
procedimientos.
ü Dar
instrucciones breves, concretas y precisas después de asegurarnos de su
atención.
ü Establecer
normas claras, sencillas y asegurar su comprensión y cumplimiento, marcar
límites de consecuencias claras, eligiendo las conductas que más interfieren en
el ritmo de la clase.
ü Utilizar
refuerzos de manera contingente a la conducta realizada, tanto si es positiva
como negativa. Reforzar las conductas positivas manifestadas por el niño y no
recriminar las negativas más que en su justa medida
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